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sapere aude

Para superar el duelo de las pérdidas, quisiera comenzar 2022 con el recuerdo de alguien que me ayudó a sobrellevar estos dos años de pandemia. Quizás no la conozcáis, pero Rita Levi-Montalcini fue una neuróloga italiana que recibió en 1986 el Premio Nobel por descubrir el primer factor de crecimiento conocido en el sistema nervioso.


Trabajó clandestinamente en su dormitorio, donde instaló un pequeño laboratorio, durante parte de la invasión de Bélgica en 1940. A pesar de las condiciones tan precarias, siempre tuvo palabras de elogio para sus padres, subrayando que se crió en un ambiente familiar lleno de amor en el que se valoraba la cultura y se apreciaban los esfuerzos intelectuales. Tata, me resuenas!.


La descubrí por primera vez a través de su libro “Elogio de la imperfección” donde describía cómo aprendió a conciliar dos aspiraciones irreconciliables: la perfección en la vida o la perfección en el trabajo. Conociéndose y valorando el placer que le procuraban, optó por cierta imperfección en ambas, aceptando que era lo que más se ajustaba a la naturaleza humana. Conocerse y aceptarse, sin metáforas de tercera generación. Los psicólogos me entenderéis.


Después me adentré en su revisión de los sistemas educativos y la atención a dos sectores de la sociedad relegados históricamente, los jóvenes y las mujeres. Si os interesa podéis leerlos en “Tiempo de Cambios”. Me quedé con su visión sobre cómo pueden "contribuir juntos" a ganarle la partida a la irracionalidad y la barbarie. "Recoloque" desde un nuevo paradigma, la solidaridad por sus semejantes sin ODS por refuerzo. Los economistas me comprenderán.


Por último, la curiosidad me llevó hasta “Atrévete a saber”, con su visión del conocimiento como un bien supremo sin el cual no podrían existir otros valores fundamentales. Aquí me quedé pensando en una mujer que con 95 años seguía trabajando con la esperanza de ayudarnos a ser mejores, a que nos comprendiéramos a nosotros mismos al igual que a la naturaleza que nos acoge. Aún sigo reflexionándola, a ella y a las decisiones que las personas tendremos que afrontar en este milenio. Y sí, Rita, yo también elijo hacerlo con “sapere aude”. Valentía y perseverancia. Seguro que tú, lector@, me comprendes.



*sapere aude* usar con valentía y perseverancia nuestras propias facultades intelectuales.



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